John y Jenny son un joven matrimonio que se enfrenta a las primeras grandes decisiones de la vida marital: tener hijos o no, y cuándo. John quiere aplazar el asunto y aconsejado por un amigo, compra un hermoso e inquieto labrador. Jenny lo recibe con gusto y juntos vivirán los encuentros y desencuentros de una pareja que luego se convierte en familia.
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Confieso que yo fui a ver la película con unas expectativas bajísimas. A pasar el rato, nada más. Afortunadamente, la película no es una serie de destrozos con el perro de protagonista (cosa que no hubiera soportado más allá de los primeros minutos), sino la historia de los primeros años de matrimonio de una pareja joven, americana y típica.
Nada extraordinario podremos encontrar a lo largo de los ciento y pico minutos de película. Jennifer Aniston hace de Jennifer Aniston y Own Wilson hace de Owen Wilson. Excepto quizás, a un entrañable Alan Arkin (como siempre), y a una acabadísima Kathleen Turner (¡¡bomba sexy de los 80′s!!); pero por lo demás, encontraremos que, según el director David Frankley (que también dirigió “El diablo viste de Prada”), el objetivo de casarse y trabajar es tener un chalet con jardín, una prole que juegue en él, y un perro que destroce un poco y nos recuerde que las cosas materiales se reponen.
Quizás lo interesante aquí, sea el analizar porqué una película como ésta fue la que tuvo los mayores ingresos en Estados Unidos el fin de semana de su estreno (en la Navidad pasada). Quizás sea la misma razón por la que “Slumdog Millionare” (perdón por la comparación, que sólo se parecen en el “happy end”) ganó el Oscar a la mejor película: la gente en tempos de crisis, quiere ver “buen rollito” en el cine. ¿Tú qué crees Clyde?