En junio de 1944, Adolf Hitler sufre un atentado contra su vida, cuyo origen está dentro de sus propias filas. El coronel Claus von Strauffenberg fue el encargado de colocar el maletín que contenía la bomba, lo más cerca posible del Führer, durante una reunión en la Guarida del Lobo. De inmediato se desata el plan que el mismo Hitler había firmado bajo el nombre de una de las piezas de Wagner, su compositor favorito, para asegurar la continuidad del gobierno nazi; sólo que las intenciones de los golpistas eran precisamente lo contrario: lograr que el nazismo se acabara y que Alemania no fuera recordada como la cuna de esta doctrina enfermiza que tantas vidas se cobró.
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El director Bryan Singer intenta darnos una versión diferente de la Alemania nazi: el punto de vista de aquéllos que no comulgaban con Hitler y que sin embargo, estaban dentro de sus propias filas. Es de las pocas películas que tratan del nazismo sin hacer ninguna referencia al Holocausto, ni a la filosofía nazi en sí. Y me parece que esa es precisamente donde flaquea la película. Nos presenta cómo se desarrolló una de las intrigas en contra del Führer, nos muestra que sus iniciadores fueron alemanes que no estaban de acuerdo con Hitler, nos presenta las intrigas de llamadas de teléfono, de oficinas de telégrafos, nos pone en tensión por ver cómo va a suceder lo que ya sabemos que sucedió.
Sin embargo, no aprovecha la oportunidad de mostrar la psicología de sus personajes. ¿Por qué no estaban de acuerdo con Hitler? ¿Qué los lleva a arriesgar sus vidas para cometer una traición a su propio gobernante en tiempos de guerra? No ahonda más allá de la acción.
Las fans de Tom Cruise (que por cierto, me cuentan que es una persona sumamente profesional que dedica siempre tiempo a firmar autógrafos y tomarse fotos con sus admiradoras) no se van a decepcionar, porque, hay que decirlo, está en espléndida forma y es lo más convincente que el guión le permite.
Pero a las que nos gusta más ver a Kenneth Branagh, nos vamos a tener que conformar con menos de 20 minutos. Tom Wilkinson, como siempre, borda el papel del traicionero que luego actúa como traicionado.
En resúmen, Singer se queda corto con un thriller que bien podría ser un drama mucho más profundo y convincente. Entretenida para ver en domingo con palomitas.