Víctor tiene un trabajo muy peculiar. Funge como pionero irlandés del siglo XVI en un parque temático en algún lugar de Estados Unidos. Su madre está ingresada en un hospital psiquiátrico y siempre lo llama por diferentes nombres. Además, Víctor acostumbra atragantarse en los restaurantes más finos, sólo para que algún alma caritativa lo salve y le extienda algún chequecito para completar su heroísmo. Y ahí no termina la cosa: Víctor es un adicto al sexo. Las cosas empiezan a cambiar cuando conoce a Paige, la doctora que atiende a su madre.
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Bueno, si empezamos diciendo que el autor de la novela en la cual se basa la película, es el mismo que “El Club de la Pelea” (Chuk Palahniuk), pues ya nos podemos preparar para una historia bastante excéntrica y peculiar.
Sin embargo, Clark Gregg, hace su debut con algo que parece ser algo demasiado complicado para él. La película tiene puntos de genialidad, a ratos es vulgar y a ratos hilarante; además el actor principal (Sam Rockwell) da una espléndida interpretación de un adicto al sexo que se quiere redimir con su madre, con las mujeres, consigo mismo. Pero me pareció que la película no terminó de “cuajar”. Me quedé con algunas dudas, y como que a la mitad del camino. Creo que voy a leer la novela, o a esperar que David Fincher (el director de la excelente película “El club de la pelea”) la retome y haga su versión.