¿Vamos al cine? MAMMA MIA!

Querida Bonnie:

Yo sé que el área cinematografica de este blog la dominas tú mejor que nadie y casi hasta me siento un poco como el extraño que intenta adueñarse de un espacio que no le es propio, pero aprovechando que te has ido unos días a tomar unas merecidas vacaciones me cuelo en la butaca de director que tienes en nuestra oficina y asi les cuento a nuestros lectores de una película que fuí a ver el día de ayer.

La verdad es que el calor veraniego se hacía insoportable y, aunque tenía frente a mi una gran cantidad de asuntos por atender, no me apetecía en nada enfrentarme a ellos. El sopor se apoderaba de mi y, de pronto, la imagen idílica de una cómoda butaca dentro de una sala de cine refrigerada me atrajo irremediablemente.

La oferta que me ofrecía la cartelera estival realmente era poco atractiva, pero pudo más el frescor de una sala climatizada que la pobre e insulsa lista de títulos más propia de un cineclub de bachillerato que de joyas del séptimo arte. Finalmente, me decidí por ir a ver la película MAMMA MIA!, no tanto porque yo fuese amante incondicional de la música de ABBA sino porque entre todas era la película que pensé me podía interesar.

Vamos por partes:

Cuando un escritor se plantea hacer una comedia musical parte de una historia o un hilo argumental al que va añadiendo canciones y números musicales para nutrir y conformar su propuesta escénica. A veces trabaja por independiente del compositor y en otras trabajan en equipo escribiendo texto y música al mismo tiempo. ¿Pero qué sucede cuando contamos con una lista de temas musicales, sin ningun nexo entre sí (mas que ser éxitos del cuarteto de pop sueco) a los que queremos presentar en una comedia musical? Pues, depende de la creatividad y habilidad del escritor, pero en esta ocasión ha resultado un pastiche insulso que nada tiene que ver con un guión sólido, creíbe e interesante. Los temas musicales entran forzadamente en situaciones artificiales y sólo se sostienen porque visualmente son momentos preciosistas, rítmicos, llenos de color y con bellos escenarios, pero que parecen más decorados de cartón piedra que escenarios naturales.

La situación se agrava cuando la idea viene de un espectáculo creado para un escenario teatral y el reto consiste en llevarlo a la gran pantalla, situando la historia en una preciosa isla del Egeo, tan preciosa que termina por parecer decorado “hollywoodiense” y no un lugar real. Y se nota a leguas que el discurso de esta película no es cinematográfico sino teatral, no pudo dar el salto…

Más que atraparme por una propuesta argumental interersante (a todas luces inexistente), me dejé llevar por el desparpajo de varios de los actores principales de este filme, que muestran lo versátiles que pueden ser. Tanto Meryl Streep, como Pierce Brosnan, Julie Walters, Christine Baranski o Colin Firth logran salvar del naufragio esta cinta que fue producida por la parte masculina de ABBA: Benny Andersson y Björn Ulvaeus asi como por Tom Hanks y su esposa Rita Wilson.

Por cierto y a manera de trivia, se pueden ver en fugaces momentos escénicos (cameos) de los chicos de ABBA en dos escenas de la película: a Benny, tocando el piano en la secuencia de la canción “Dancing Queen” y a Björn en la secuencia final de la película, ataviado como un Dios Griego.

En fin Bonnie, ¿para qué le sigo…?

Si tú sufres de un día de calor y no tienes ganas de enfrentarte con tus obligaciones diarias, te recomiendo que en lugar de ir a ver esta cinta te encierres en tu casa, pongas el aire acondicionado y escuches un dísco con los grandes éxitos de ABBA mientras disfrutas de un cocktail Margarita; seguro que te lo pasarás mejor que yo… fijo.

Cine

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